¡Socorro! ¿De dónde saco tiempo para meditar?

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Autora: Imma Juan
Twitter: @intimind

Si sólo dispones de un minuto (escaso) para este artículo puedes ir directamente al último punto. Si puedes, no te pierdas todo lo que te voy a contar porque el tema del tiempo es algo que da para mucho y además descubrirás que un minuto es distinto en función de si practicas mindfulness o no.

Este el es principal problema de los meditadores. Cómo encuentro tiempo para meditar si todos los días me faltan horas. La respuesta es: decidiendo dedicar un tiempo a la meditación. No hay otra. No basta con saber que es importante para ti, que te sienta bien, que tiene un valor alto en tus escalas. Tienes que asignarle un espacio en tu vida de cada día.

Lo de hacer hueco en tu agenda para la meditación le quita cierto romanticismo a la cosa, igual hasta te parece propio de personajes cuadriculados con tendencia al estreñimiento. Pero lo cierto es que cuando apuntas algo en la casilla del #hayquehacer, sólo entonces le estás dando importancia. Como dice David Dillard-Wright, autor un libro de meditación para los “multitarea”, escribir, y sobretodo escribir a mano, tiene un poderoso efecto en tu memoria. En el caso que nos ocupa, es una manera de comprometerte a ti mismo. Lo anotas en el calendario y, de paso, sientes satisfacción por dedicarle tiempo a tu propio bienestar.

Es la hora de meditar

Intentamos al menos que haya una hora para comer, para cenar, para ir a dormir…¿Por qué no para meditar?

Prueba por la mañana. Lo ideal de ese tramo del día es que acaba de empezar y puedes decidir que ahí está el espacio de tu meditación. Es lo de: “hago esto lo primero de todo y que salga el sol por Antequera” Puede ocurrir que te sientes a meditar y que día tras día sufres porque la lista del #hoyhayquehacer no para. Esto no debería desanimarte. Es una magnífica ocasión para observar cómo funciona tu mente, qué tipo de patrones sigue en cuanto amanece…No obstante puedes (y debes) probar otros momentos. Inténtalo por la tarde si ves que en tus rutinas hay ahí un oasis de tiempo. O por la noche, en ese instante en que ya sabes que mañana será otro día y que puedes dejar de hacer cosas, puedes soltar como haces cada vez que te metes en la cama. Bueno, pues con esta intención de soltar puedes empezar tu práctica nocturna.

El momento perfecto es ahora.

Al final, el ensayo-error te dirá cual es el mejor momento, o el menos malo. Porque es muy probable que, aunque quieres meditar, también sea bastante fácil encontrar mil motivos por los que hoy no puedes. Y esto pasa cada día que es hoy, es decir, todos los días. Y lo dejamos para mañana. Esto ocurre con cualquier hábito. Haruki Murakami, en su libro “De qué hablo cuando hablo de correr” entrevista a un corredor olímpico y le pregunta: “También los corredores de alto nivel como usted tienen días de esos en que a uno no le apetece correr, en que preferiría seguir tumbado en la cama, o hacer cualquier otra cosa?.” La respuesta (a la que le tienes que poner cara de asombro y perplejidad) fue: “¡Pues claro que si, constantemente!”.

Lo mismo le preguntaron en una ocasión a Oprah Winfrey que, según parece, corre 8 kilómetros diarios, incluso cuando está de viaje, y ella respondió que tiene que volver a plantearse su objetivo todos los días de su vida. Así que no esperes sentarte a practicar porque te lo pide el cuerpo sin más, de buen grado y sin ninguna resistencia. Tienes que concertar una cita contigo mismo/a.  No es algo a hacer cuando te apetezca, y no va a llegar el día en que te surja de forma “natural”. Durante el día hay muchas tareas que atender. Por eso, nuevamente, la recomendación es ser flexible y elegir el comienzo o el final de la jornada. Consejo final: Evita las horas punta.

Tu agenda gruyère

Estamos muy ocupados. Si. Pero la agenda no es un muro compacto de actividades, es más bien como un queso gruyère. Si te fijas, está llena de agujeros a lo largo de la jornada y lo que te sugiero es que en alguno de ellos te sientes a meditar. Los agujeros, normalmente, están hechos de minutos. De horas hay algunos, pero pocos.

En eso pensamos cuando creamos intimind, y esa es la razón por la que, la mayoría de nuestras prácticas son de 10 minutos y están siempre disponibles en el móvil. Así puedes practicar en cualquier momento y también en cualquier lugar, con total intimidad y de forma guiada.

Y ahora llega la hora de la verdad.

1.-Has identificado esos agujeros gruyère.

2.-Programa en ellos tu meditación diaria.

3.-Escríbelo en papel y refuerza así tu compromiso.

Entonces sólo tienes que hacer una cosa. Cuando llegue esa hora que has marcado en tu agenda lo dejas todo para meditar unos minutos. Sonará el whatsapp, te llegará un correo, te llamará alguien, te entrará sed… Entonces debes distinguir entre una verdadera emergencia, y lo que es un ruido más de tu vida cotidiana al que toca dejar de lado.

A veces cuesta hacer esta diferencia. Pregúntate si esa tarea puede esperar, si la puedes acometer en cuanto acabes tu práctica. Si es así, sigue adelante con tu compromiso y luego harás lo que tengas que hacer. Hasta es posible que te salga mejor.

“El primer principio es que no te debes engañar a ti mismo y eres la persona más fácil de engañar. Así que hay que tener mucho cuidado con eso”

Richard Feynman

Si meditas 10 minutos, el día es más largo

Aún no se han inventado los días de más de 24 horas, y mira que nos hace falta. Sin embargo, parece que tú puedes hacer que el día dure más.

Un reciente estudio sugiere que un poco de meditación consciente puede ayudarnos a, al menos, sentir que tenemos más tiempo en nuestras vidas.

Un equipo de investigadores dirigidos por Robin Kramer entrenaron a estudiantes de la Universidad de Kent, en el Reino Unido, para vincular diferentes formas, con dos períodos de tiempo: uno corto y uno largo. Las formas que se les mostraban en una pantalla de ordenador durante 400 milisegundos representaban una corta duración, mientras que las formas mostradas 1600 milisegundos representaban una larga duración. A continuación, a todos los participantes se les mostraban formas que permanecían fijas en la pantalla con duraciones variables. Entonces tenían que determinar si la duración era más similar al periodo de tiempo corto o al largo.

La mitad de los participantes escuchó un ejercicio guiado de mindfulness de 10 minutos. La otra mitad escuchó un audiolibro de El Hobbit durante 10 minutos también. Inmediatamente después, los investigadores de nuevo les presentaron formas con diferentes duraciones de tiempo.

Los resultados, publicados en la revista Conciencia y Cognición, muestran que los meditadores eran más propensos a informar de duraciones de tiempo “largas” después de haber meditado. Por el contrario, los participantes que habían escuchado el Hobbit no informaron de ninguna diferencia en la duración del tiempo.

Los investigadores concluyen que el grupo que practicó meditación consciente experimentó más lentamente el paso del tiempo. Sorprendentemente, el efecto se produjo después de una única sesión de 10 minutos, y entre personas que no tenían experiencia previa meditación.

Aunque se necesitan más estudios, los investigadores defienden la hipótesis de que la práctica de la atención plena altera la percepción del tiempo, ya que nos induce a dirigir la atención hacia el interior. Según dicen en el documento, cuando nos distraemos y vamos en piloto automático, tenemos menos capacidad para prestar atención al transcurrir del tiempo, y lo experimentamos como más rápido. Sin embargo, con el ejercicio de la meditación consciente, centrando la atención en los procesos internos como la respiración, agudizamos la capacidad para notar el paso del tiempo y lo percibimos como más largo, con una mayor duración.

Kramer considera que este hallazgo nos puede ayudar en la vida cotidiana. En esos momentos en que nos angustiamos porque el tiempo vuela, porque se nos va de las manos, porque la primavera ha venido y nadie sabe como ha sido… Esa sensación de impotencia se puede aplacar si somos capaces de ralentizar el paso del tiempo (porque cambiamos nuestra percepción del mismo). En el caso contrario, Kramer lanza la hipótesis de que entrenar la atención hacia el exterior nos puede ayudar a sentir su paso de forma más rápida. Esto sería de ayuda en casos en que agobia que el tiempo parezca haberse detenido, como es el caso de las personas con depresión que tienden a sobreestimar la duración de un hecho negativo.

No tengo ni 10 minutos

Bueno, pues vamos muy rápido. Para ti, hemos elaborado un plan en tres pasos:

1.- Medita caminando

Puedes aprender a estar presente mientras caminas. Intenta hacer los ejercicios que te proponemos en este post.

  1. Dedica tu (poco) tiempo a otra persona

En cuatro estudios realizados por las Universidades de Harvard, Pennsylvania y Yale, los participantes informaron de que su sensación de tener tiempo aumentaba cuando hacían pequeños gestos agradables para los demás, como escribirles algo amable. Las personas que dedicaron su tiempo a otros sentían que tenían más, en comparación con los que pasaron tiempo con ellos mismos o que tuvieron más tiempo libre al acabar antes el experimento.

  1. ¿Te inunda el agobio? Recuerda “IDEA”

Investiga con amabilidad; desidentifícate de la experiencia; examina con curiosidad; acepta lo que hay tal y como es.

No obstante, para gozar de una vida placentera, tranquila y feliz, es importante dejar de pisar el acelerador y replantearnos nuestra filosofía de vida, porque como dijo una vez el maestro Ramiro Calle: “Hasta un caballo de carreras si no para, se destripa”.

Lucha por tus 10 minutos diarios y por ir aumentándolos.

“Es esencial dedicar media hora al día a la meditación, salvo cuando uno está muy ocupado; entonces hace falta una hora entera.”

¿Qué estrategias utilizas tú para sacar tiempo para meditar? ¿Qué es lo que mejor te funciona? ¿Nos lo cuentas?

Estilo de vida  |  Neurociencia e Investigación
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Autora: Imma Juan
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