¿Quién te obliga a salir de tu zona de confort? Sé tú quien decida

¿Quién te obliga a salir de tu zona de confort? Sé tú quien decida

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Autor: Mara Claramunt

Es probable que hayas oído hablar alguna vez de la “Zona de confort”, aquella en la que las cosas nos resultan conocidas y cómodas, donde estamos acostumbrados a vivir -aunque sea mal- con cierta sensación de control y seguridad. Hay muchas definiciones y teorías sobre esta zona de confort y distintas opiniones sobre si es necesario o no salir de ella. En este artículo reflexionamos acerca de todo esto y te contamos cómo el Mindfulness te puede ayudar a decidir si necesitas o no salir de “alguna zona de confort” y cómo hacerlo de manera serena si es que decides salir de ella.

En la vida nos movemos constantemente entre las variables de DESARROLLO y SEGURIDAD. Desde que nacemos nos estamos desarrollando y lo hacemos con la seguridad necesaria para ello. Aprendemos a hablar, a andar, a comer…pasamos por distintas fases en una continua secuencia de aprendizaje y cambio. Y todo ello lo hacemos con seguridad, con la seguridad que en la mayoría de los casos nos proporciona el cuidado de nuestros padres. En un principio son ellos los que se ocupan de nuestra seguridad, por ejemplo, cuando nos quitan los obstáculos del camino para que tropecemos cuando estamos aprendiendo a andar.

En ese desarrollo continuo, el cambio y el aprendizaje forman parte de nuestra vida de una manera natural. No nos cuestionamos si hemos de salir o no de nuestra zona de confort, simplemente salimos sin parar, una y otra vez: cuando aprendemos a leer, a escribir, a restar a multiplicar, a columpiarnos o a ir en bicicleta. Esa es nuestra normalidad. No obstante, poco a poco, a ese binomio de seguridad y desarrollo se le suma otra variable: el MIEDO. Miedo a no poder, a no saber, a hacerlo mal, a fracasar, a hacer el ridículo, y a veces, casi sin darnos cuenta, nos convertimos en adultos instalados en nuestra seguridad.

Corremos el peligro entonces de instalarnos excesivamente en esa seguridad, en esa zona de confort donde controlamos lo que hay a nuestro alrededor (aunque no nos guste) pero que no nos exige cambiar nada, no nos exige ningún desarrollo adicional y por tanto nos resulta cómoda.

En principio esto no tiene porque ser un problema. Es una elección personal. El único peligro potencial es que queriendo aferrarnos a esa seguridad lleguemos a un ESTANCAMIENTO que puede convertirse incluso en una sensación de angustia o vacío existencial.

En este punto es cuando tenemos que empezar a ser sinceros con nosotros mismos; darnos cuenta si realmente estamos estancados por miedo a lo que pueda haber más allá o si realmente estamos bien como estamos fruto de una elección personal consciente.

¿Quién nos obliga a salir de la zona de confort?

En este sentido, Mindfulness nos puede ayudar a clarificar. El contacto íntimo con nosotros mismos nos puede dar respuestas. La atención plena puede ser la puerta para encontrar la estabilidad necesaria para examinar, con curiosidad, nuestras emociones, nuestras creencias y los hábitos que nos impulsan.

Porque tampoco sería útil encontrarnos en el caso contrario: estar sumidos en un continuo desarrollo, en un continuo reto personal o profesional en el que podemos llegar a acabar exhaustos, empujados, quizás, por esa “moda” que nos invita a salir continuamente de nuestra zona de confort.

En este sentido, resultan también muy interesantes las reflexiones del filósofo surcoreano Byung-Chul Han. Según él, filosofías como la de la «zona de confort» nos hacen interiorizar la represión del sistema. Nos terminamos viendo como «emprendedores de nosotros mismos» e intentamos «optimizarnos» como si el entorno no influyera. Y si no logramos un éxito decente, nos culpamos a nosotros mismos y nos avergonzamos.

Según este filósofo, “se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede, y si no se triunfa, es culpa tuya. Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”.

Por tanto, ni en un extremo ni el otro. Seamos conscientes de las decisiones que tomamos y de las razones que tenemos para tomarlas. Reconozcamos cuándo nos aferramos a nuestra seguridad por miedo a salir de lo conocido, pero también cuando estamos yendo más allá de nuestras posibilidades por no ser mal vistos a ojos de los demás.

Mindfulness para ver con claridad

Para poder distinguir todo esto se requiere parar. Parar para tomar conciencia de dónde estamos y a dónde queremos ir, no porque otros lo digan, sino porque realmente es lo que nosotros elegimos hacer. En este sentido, resulta muy útil tomarse unos minutos para llevar a cabo prácticas específicas de Mindfulness sobre las aspiraciones personales, sobre lo que realmente es importante para nosotros (te aconsejo la Meditación 2 del programa de Equilibrio emocional en intimind).

Resulta fundamental tomarse un tiempo para abordar las motivaciones más profundas de nuestra vida, ya que en el día a día es fácil perderse en los automatismos y olvidar las cosas que realmente nos importan.

Se trata de generar una idea clara de lo que quieres conseguir, enfocándote en los objetivos que de verdad son relevantes para ti. Recordar cuáles son tus aspiraciones, tus deseos y motivaciones, te ayudará a no perderte en los posibles obstáculos y a detectar si te mueves hacia algún lugar por razones propias o ajenas.

Otro tipo de prácticas meditativas como las que nos ponen en contacto con nuestro “Yo futuro” (Meditación 10 del programa de Equilibrio emocional en intimind)también nos pueden ayudar a tener más claridad al respecto. En este tipo de prácticas, el objetivo es ampliar la consciencia sobre nuestros actos, teniendo en cuenta las consecuencias futuras de nuestras decisiones en el presente. Si te haces más consciente de lo que pasará como consecuencia de tus acciones – a corto y largo plazo- puedes tomar decisiones más responsables contigo y con las personas que te rodean.

¿Qué hacer cuando es el miedo el que nos paraliza?

 

Puede que fruto de estas meditaciones reconozcas por tanto que hay áreas de tu vida en las que te gustaría desarrollarte, pero realmente tu miedo te lo impide. Y es que a menudo, nos abruma tanto esa emoción que llegamos a rendirnos antes de dar ningún paso hacia el desarrollo, sin ni siquiera pararnos a pensar útilmente.

En estos casos, te recomendamos que te pares a observar ese miedo conscientemente para que puedas construir al tiempo la seguridad que necesitas para que ese miedo sea compensado. Cada uno de estos rectángulos son zonas en las que te puedes situar mentalmente para explorar de manera consciente un asunto determinado.

* modelo de la metodología DBM. Habría que poner en algún sitio: ©Copyright John McWhirter

          SEGURIDAD DESARROLLO
             MIEDO           ESTANCAMIENTO

Lo vemos con un ejemplo práctico: «Estoy aburrido/a de mi trabajo y me gustaría uno nuevo, pero podría ser rechazado en una entrevista». Alguien que se encuentre en esta situación se puede quedar paralizado y resignarse a seguir en su trabajo porque el sentimiento de miedo al posible rechazo es demasiado fuerte y ya no se plantea nada más.

En este caso, es importante reactivar en primer lugar la razón del estancamiento, el “por qué” se necesita cambiar algo: “Me aburro en mi trabajo”. Además, es importante moverse para explorar la zona de seguridad y ver qué opciones hay, cómo podemos “construir” la seguridad que nos falta.

Se trata por tanto de identificar aquello que nos inquieta y usar esa información útilmente, en lugar de instalarnos en el sentimiento de miedo y dejar que esta emoción se interponga en nuestro camino sin plantearnos nada más.

En nuestro ejemplo, después de la afirmación “Necesito sentirme seguro/a en una futura entrevista de trabajo”, la pregunta obligada es ¿Qué puedo hacer para estar más seguro/a? Y a partir de esta pregunta empezar a abrir opciones: preparar bien mi CV, presentarme a alguna entrevista para practicar mientras sigo aún en mi puesto de trabajo, asesorarme con un profesional sobre entrevistas laborales, hablar con personas que hayan pasado por esa situación, ampliar mi formación para estar bien preparado para un nuevo puesto de trabajo, etc.

Podemos desarrollarnos con seguridad, sin sentir que damos un damos un salto al vacío. Para ello, tenemos que reconocer y aceptar nuestros miedos y hacer una exploración consciente sobre cómo podemos construir la seguridad que nos falta ante un reto determinado.

¿Cuá es el reto con el que tú no te atreves?

¿Cómo podrías construir la seguridad que necesitas?

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Autor: Mara Claramunt

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