EL ESTRÉS TAMBIÉN ES BUENO, Y LO SABES

EL ESTRÉS TAMBIÉN ES BUENO, Y LO SABES

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Autora: Imma Juan
Twitter: @intimind

El estrés tiene muy mala fama en nuestra sociedad, entre otras cosas por la cantidad de estudios que revelan sus efectos negativos sobre la salud y por el eco que de ellos se han hecho frecuentemente los medios de comunicación. No obstante, investigaciones más recientes hablan también de sus efectos positivos y otros estudios demuestran incluso que, más que el estrés, lo que nos perjudica es lo que nosotros pensamos acerca de él. Es decir, que el estrés solo es malo para ti si tú piensas que lo es.

El estrés en sí mismo no es malo

La psicóloga de la salud y profesora de la Universidad de Stanford, Kelly McGonigal, ha popularizado la idea de que el estrés en sí no es malo sino nuestra creencia de que lo es.

Según explica, después de haber creído durante una década que el estrés nos hace enfermar y de haber alertado a sus pacientes sobre los peligros de este, actualmente McGonigal ha cambiado su opinión gracias, entre otras cosas, a un estudio que le hizo reconsiderar su enfoque.

El estudio al que se refiere McGonigal hizo un seguimiento a 30 000 adultos de EE.UU. durante 8 años. Empezaron haciendo dos preguntas:

  1. ¿Cuánto estrés ha experimentado en el último año?
  2. ¿Cree que el estrés es perjudicial para su salud?

Posteriormente usaron el registro público de fallecimientos para averiguar quién había muerto.

El resultado fue el siguiente:

Para quienes experimentaron mucho estrés en el año anterior y además creían que el estrés es perjudicial para su salud, el riesgo de muerte prematura se incrementó en un 43 %.

Las personas que experimentaron mucho estrés pero no veían al estrés como algo nocivo no tuvieron más probabilidades de morir.

Siguiendo con este razonamiento podemos plantearnos entonces si cambiar nuestra perspectiva sobre el estrés puede hacernos más saludables.  Si el cambio de mentalidad puede protegernos de los síntomas negativos del estrés quizás valga entonces la pena revisar nuestras creencias acerca del mismo.

Cambiar de mentalidad es posible

Para ser conscientes de nuestras creencias, de nuestros pensamientos y del significado que otorgamos a las diferentes experiencias que vivimos, el primer paso es estar presentes, estar atentos a nosotros mismos y conocernos. Y ese es precisamente uno de los objetivos de las prácticas de Mindfulness.

Las prácticas de meditación nos pueden ayudar a ampliar nuestra conciencia sobre el tipo de pensamientos que generamos ante una situación determinada. Darnos cuenta de qué ideas generamos, ya sea en relación al estrés o en relación a cualquier otra experiencia de nuestra vida.

En la medida en que estamos atentos a nuestros pensamientos, que conseguimos salir del piloto automático y cobramos conciencia de aquello que pensamos, podemos también elegir cambiarlo.

Podemos elegir revisar nuestras creencias y crear significados más útiles para nosotros.

En el manual de Mindfulness de Wiley Blackwell se afirma que en el contexto de estrés, la Atención Plena puede ser particularmente útil. Los autores destacan el creciente cuerpo de investigación que demuestra que el estrés puede tener efectos potenciadores sobre la salud, el rendimiento y el bienestar. Dependerá del significado que nosotros le demos y de cómo lo utilicemos.

Presentan estudios que respaldan que el grado en que el estrés produce efectos beneficiosos o perjudiciales depende en gran medida de la mentalidad a través de la cual se ve el estrés. Es decir, si se espera que la experiencia del estrés tenga efectos debilitantes o potenciadores.

En este manual se aborda, entre otras cosas, cómo la atención plena ofrece herramientas efectivas para utilizar el estrés como un recurso para nuestro crecimiento y bienestar.

Cómo usar el estrés en tu propio beneficio

Se describe concretamente un proceso de 3 pasos para desarrollar una mentalidad de estrés saludable:

PASO 1:   RECONOCE TU ESTRÉS

Reconocer el estrés significa reconocer la existencia actual o recurrente de estrés en tu vida. También incluye notar tus respuestas emocionales, conductuales y fisiológicas, sin juzgar o intentar cambiarlas. Para facilitar este proceso, sugieren considerar atentamente estas preguntas:

  1. ¿Qué te estresa ahora? Simplemente declara con palabras, sin juicio, los aspectos de tu vida que están causando estrés en este momento.
  1. ¿Cuáles son tus respuestas emocionales? ¿Qué tipo de pensamientos, creencias y sentimientos estás generando en respuesta al estrés? (por ejemplo, frustración, tristeza, anhelo de deshacerse del estrés…).
  1. ¿Cuáles son tus respuestas de comportamiento? ¿Qué acciones estás tomando en respuesta al estrés? (por ejemplo, discutir, evitar, comer…).
  1. ¿Cuáles son tus respuestas fisiológicas? ¿Qué sensaciones o cambios están ocurriendo en tu cuerpo en respuesta al estrés? (por ejemplo, dificultad para dormir, visión de túnel, cabeza nublada, corazón acelerado, malestar estomacal, fatiga…).
  1. ¿Cuál es tu mentalidad actual sobre el estrés que estás experimentando? ¿Esperas que experimentar este estrés va a tener en ti una mejora o resultados debilitantes?

La investigación sobre la ciencia del cerebro muestra cómo simplemente reconocer el estrés puede mover la actividad en tu cerebro desde los centros automáticos y reactivos a los más conscientes y deliberados (Lieberman et al., 2007).

En otras palabras, simplemente reconocer el estrés y sus reacciones automáticas te permite tomar una pausa antes de reaccionar al estrés de una manera ineficaz.

PASO 2:   DA LA BIENVENIDA A TU ESTRÉS

Una vez que se reconoce el estrés, el siguiente paso es uno más proactivo: se trata de dar activamente la bienvenida al estrés. Esta mentalidad “acogedora” puede parecer contradictoria, pero es esencial por varias razones. Primero, hace que los factores de estrés sean menos amenazantes.  Por lo tanto, el acto de dar la bienvenida al estrés en tu mente y tu vida puede reducir la ansiedad, mejorar la salud y aumentar su sensación de control (Pennebacker, 1997).

Una segunda razón para darle la bienvenida al estrés es que realmente tu estrés está relacionado con algo que te importa y te sientes amenazado. Para facilitar este proceso, considera atentamente estas preguntas:

  1. ¿Cuál es mi preocupación bajo este malestar?
  1. Ya que estás estresado porque te preocupa algo, ¿Qué te preocupa exactamente? ¿Te importa realmente eso que te preocupa?

Tomar conciencia del hecho de que lo que te importa es la causa de tu estrés te ayuda a replantearlo como una señal o un signo que te recuerda aquello que más te importa. Te permite invertir tus recursos en el logro de ese objetivo.

Del mismo modo, te permite eliminar objetivos que no están muy alineados con tus deseos genuinos. A menudo, los deseos y las metas son seleccionados no por conciencia sino por una programación automática (Bargh & Chartrand, 1999).

Comprender que el estrés está intrínsecamente conectado a tus objetivos y valores puede ayudar a abrir la puerta hacia una mentalidad de “estrés como potenciador”.

PASO 3:   UTILIZA TU RESPUESTA AL ESTRÉS

La combinación de los pasos uno y dos conduce a una evaluación sin prejuicios y acogedora hacia el estrés y su conexión con tus valores y objetivos.

El último paso es no ver el estrés como un impedimento para tus objetivos.

Una mentalidad de “el estrés es debilitante” desencadena el deseo de descartar el estrés en sí mismo. Esto puede llevarte a estrategias irracionales que reducen tu bienestar en lugar de facilitarlo.

Puedes mejorar esto reconociendo que tu respuesta de estrés inicial está al servicio de tus valores y evitar así generar más malestar sobre tu estrés inicial.

Cuando esto se entiende, la excitación y la energía aumentada por la respuesta de estrés pueden ser dirigidas para encontrar oportunidades adicionales gracias precisamente a experimentar ese estrés.

Para facilitar esta comprensión, considera con atención las siguientes preguntas:

  1. ¿Pueden tus respuestas a este estrés facilitar tu propósito positivo?
  1. ¿Están tus acciones dirigidas hacia la eliminación de la tensión que sientes o a la mejora del valor subyacente al estrés?
  1. ¿Qué cambios puedes hacer para interpretar el estrés con mentalidad potenciadora en comparación con la mentalidad debilitante?
  1. ¿Cuáles podrían ser las oportunidades ocultas inherentes a este estrés?

Este tercer paso -la utilización del estrés- implica la adopción consciente de una mentalidad positiva del estrés. 

Cuando el estrés es reconocido en lugar de ser negado; cuando al estrés se le da la bienvenida en lugar de evitarlo, y cuando el estrés se utiliza en lugar de combatirse, pueden ocurrir varios resultados importantes:

En primer lugar, somos más propensos a mantener un estado de “conciencia apropiada”. Una conciencia de que en realidad estamos experimentando estrés y que el estrés está relacionado con algo que valoramos.

En segundo lugar, tenemos más probabilidades de lograr un “estado apropiado de excitación”. La excitación necesaria para cumplir los objetivos y demandas, pero no tan elevada como para comprometer la acción hacia esos fines o para debilitar la salud fisiológica en el largo plazo.

Y en tercer lugar, somos más propensos a realizar “acciones apropiadas”. Acciones que sirven para satisfacer la demanda o el valor objetivo que subyace a la situación estresante, en contraposición a las que agotan el tiempo, esfuerzo y energía exclusivamente para evitar o deshacerse del estrés.

Cada una de estas distinciones del enfoque consciente del estrés tiene efectos importantes en tu salud, tu rendimiento y tu bienestar.

Ya sé que no es sencillo poner en marcha este cambio de mentalidad con respecto al estrés pero ¿Crees que es posible? Si pones en acción alguno de los consejos que te damos, cuéntanos que tal te va ¿Tienes alguna experiencia que compartir al respecto?

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