5 razones por las que te cuesta meditar a diario

5 razones por las que te cuesta meditar a diario

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Autora: Imma Juan
Twitter: @intimind

Hablar de hábitos es hablar de esfuerzo y compromiso. Meditar, hacer deporte, aprender un nuevo idioma...sabemos que nos van a reportar múltiples beneficios pero nos cuesta convertirlos en rutinas, que formen parte de nuestras costumbres. Es muy normal. Hay ciertas resistencias a hacer algunas cosas (aunque sepamos que nos sientan fenomenal) porque todas suelen tener también una parte de sacrificio que nos echa para atrás.

“Tenéis muchos sueños. Buscáis la fama. Pero la fama cuesta. Pues aquí es dónde vais a empezar a pagar. Con sudor.” Así empezaba las clases de baile la profesora de “Fama” una famosa serie de los años 80. No nos vamos a poner tan exigentes pero sí que nos hemos preguntado ¿Cual es la forma más sencilla de establecer el hábito de meditar cada día? ¿Hasta qué punto es realmente difícil o estoy poniendo yo más obstáculos de los que realmente hay?

Poder o no poder: He ahí la cuestión

“Imposible. Soy incapaz”; “Yo no puedo concentrarme”; “¿Una tarea más en la lista de cada día? Uf! Ya me siento bastante culpable por todo lo que no hago.”

Son expresiones bastante comunes entre las personas que empiezan a meditar o que prueban alguna sesión. ¿Te resultan familiares?

Te entiendo perfectamente. La idea de prestar atención y ser consciente del presente, momento a momento, puede resultarnos utópica, ajena al estilo de vida que llevamos. Algo que cuesta tanto, mejor dejarlo estar. Bueno, vayamos por partes.

El primer obstáculo son esos pensamientos diciéndote que “no puedes” cuando sí puedes.

Vamos a explorar si tus resistencias a establecer la práctica se deben a alguna de las siguientes razones (o a varias de ellas)

5 razones. ¿Cual es la tuya?

  1. “No me concentro”

Para superar esto hay que tener claro qué es la atención plena. Saber que mindfulness no consiste en y estar perfecta y completamente centrado en todo momento. No es ser capaz de sostener la atención durante períodos prolongados (aunque eso es agradable cuando sucede). Tampoco se trata de atravesar la vida sobre una nube de felicidad. Mindfulness consiste en elegir prestar atención al momento presente con amabilidad y curiosidad. Se trata de darse cuenta cuándo tu mente se ha extraviado (sabiendo que eres un miembro de la especie humana, y que tu mente divaga incluso con más frecuencia de lo que crees). Entonces eliges volver a lo que está sucediendo realmente, eso que ocurre justo en frente tuyo, y, a continuación, le prestas interés. Si te das cuenta que te despistas 50 veces por minuto, no estás haciéndolo mal. Estás practicando la atención plena.

  1. “Me aburro”

Aquí tenemos la parte más dura de entrenar la atención. Es fácil decidir que vas a prestar atención a una puesta de sol ardiente, a un bebé dormido, a una música emocionante, pero muchos de los detalles de la vida diaria no son tan agradables. A veces, el momento presente es sumamente aburrido o incluso horrible. Así de claro. Las noticias son deprimentes, el trabajo es repetitivo, tu vecino cada día más maleducado, y tu casa se empeña en no autoordenarse cuando llegas sin ganas de nada. Ante esta realidad tu atención pide a gritos escapar. Pero eso no es mindfulness. Es tu mente haciendo aquello para lo que la evolución la ha preparado durante millones de años: pensar y juzgar. ¿Y qué pasa si decides dejar de desear que tu realidad sea diferente, y en lugar de eso te das cuenta de lo que está pasando?¿Qué pasa si miras esa realidad con ojos de niño (no te pierdas esta charla TED), como si fuera la primera vez, sin emitir juicios instalados en tu mente desde a saber cuándo? Te voy a decir lo que pasa: Que no te saltas la salida de la autopista; te enteras de que tu vecino está a punto de ser despedido, y sientes un poco más empatía por él; recuerdas que has pasado una mala noche y te das un descanso. La vida pesa un poco menos.

  1. “Es muy difícil”

O lo haces más complicado de lo que es.

La meditación ayuda a fortalecer los músculos de la atención, pero no tienes que pasar seis semanas en un ashram para aprender. No tienes que levantarte al amanecer, retorcerte como una ensaimada y cantar durante una hora (aunque si lo deseas, ¡ánimo!). De hecho la práctica formal de mindfulness es un entrenamiento para que ese estado de atención sea cada vez más habitual en tu vida cotidiana. El ejercicio de darse cuenta, observar tu mente errante, lo puedes hacer en la ducha, mientras comes una fruta, o pelando patatas. Puedes tomar una respiración profunda antes de enviarle a tu pareja un whatsapp anunciándole… que le dejas. Puedes centrarte en tu respiración durante tres minutos mientras estás en la cola del supermercado. Y puedes recordar que aunque te consideres la persona más despistada, olvidadiza, impulsiva o reactiva del planeta…siempre puedes empezar de nuevo. La atención plena no consiste en la perfección. Se trata de darse cuenta y ser amable. Eso es todo.

  1. “Ahora estoy muy bien. No me hace falta”

Muchos de nosotros llegamos a mindfulness buscando aliviar un sufrimiento o aumentar nuestro bienestar. “Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” Eduardo Galeano. Entonces, sólo practicas cuando te sientes mal.

Es cierto que la atención plena te puede ser útil en los momentos difíciles, pero nuestros cerebros tienen dificultades para aprender o hacer algo nuevo cuando están sometidos a estrés o inundados por alguna emoción. Por esa razón, cuanto más practiques la atención al momento presente cuando estás tranquilo y feliz, más fácil y más eficaz será tu práctica cuando estés al borde de un ataque de nervios.

  1. “Lo mejor es aprender en soledad”

La atención plena se practica en silencio y es una autoindagación personal. Es una práctica íntima que puedes y debes de saber hacer en soledad. Pero estamos hablando de establecer un hábito y el apoyo social es fundamental como se ha demostrado en multitud de investigaciones empíricas. (Sonja Lyubomirsky “La ciencia de la felicidad”)

La práctica de la atención plena es fácil. Pero recordar que hay que practicar es difícil. Nuestros cerebros están diseñados para pensar, preocuparse, recordar, predecir, planificar y arrepentirse. En cualquier momento, tus redes neuronales pueden iluminarse con un recuerdo de un antiguo novio o un recordatorio para enviar un correo electrónico a un cliente…o cualquier cosa que te catapulta fuera del presente. Estás nadando contra la marea de tu mente, y no puedes hacerlo en completa soledad. Ninguno de nosotros puede.

Necesitamos apoyo en esta práctica. Búscalo en personas que sepas que comparten tus inquietudes, en libros, conferencias y clases. Puedes apuntarte a algún retiro de fin de semana. Y, por supuesto, nuestra App intimind, es una guía para practicar a diario. Únete a nuestra comunidad mindful en facebook para compartir experiencias (www.facebook.com/intimind)

La próxima vez que pienses que no puedes practicar mindfulness porque tienes demasiadas ocupaciones o preocupaciones, recuerda esto: son sólo pensamientos. Eso es todo. Puedes elegir tomártelos en serio y hacer de ellos tu nueva realidad, o puedes observarlos con esa curiosidad de la que te estaba hablando, como si fuera la primera vez. Entonces, decide dejarlos ir. Que pasen como pasan las nubes en el cielo para que puedas favorecer otras ideas más útiles para tu bienestar.

Recopilamos algunos consejos para mantener la práctica en este vídeo.

¿Has meditado ya alguna vez? ¿Lo haces como práctica regular? ¿Tienes alguna duda sobre la meditación? Comparte tus comentarios o dudas con nosotros y te responderemos encantados.

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Autora: Imma Juan
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